9/15/2005

LA MUERTE

No te mires en el espejo
de la muerte
Mírate en el espejo de
los hombres y las mujeres.
Esto es lo que eres,
esto es lo que dejarás de ser.
¡Y qué!
A todo nos llega la hora.
Todos tenemos que salir algún día
¡Y qué!
Tú no te mires
en el espejo de la muerte.
Mírate en el espejo real,
en el espejo de tu cuarto
de baño.
Ese eres tú. El que brilla
y mira el Mediterráneo.
Fantástico.
Sin miedo.
Sin miedo.

(Junio, 2003)

TARDES DE BARCELONA

En el centro del texto
está la lepra.

Estoy bien. Escribo
mucho. Te
quiero mucho.

AHORA PASEAS SOLITARIO...




Ahora paseas solitario por los muelles
de Barcelona
Fumas un cigarrillo negro y por
un momento crees que sería bueno
que lloviese
Dinero no te conceden los dioses
mas sí caprichos extraños
Mira hacia arriba:
está lloviendo

TU LEJANO CORAZÓN




No me siento seguro
En ninguna parte
La aventura no termina
Tus ojos brillan en todos los rincones
No me siento seguro
En las palabras
Ni en el dinero
Ni en los espejos
La aventura no termina jamás
Y tus ojos me buscan

EL ATARDECER




Ese atardecer vio pasar al padre de Lisa
hacia abajo
hacia México D.F.
Ese atardecer vio a mi padre poniéndose los guantes
antes de su última pelea.
Ese atardecer vio al padre de Carolina
derrotado y enfermo tras la guerra. El mismo
atardecer sin brazos
y con los labios
delgados como un gemido.
El que vio al padre de Lola trabajando en una
fábrica de Bilbao y el que vio
al padre de Edna buscando palabras
exactas de su plegaria.
¡Ese atardecer fantástico!
El que contempló al padre de Jennifer
en un barco en el Pacífico
durante la Segunda Guerra Mundial
y el que contempló al padre de Margarita
a la salida de un taberna
sin nombre.
Ese atardecer valeroso y tembloroso, ¡indivisible!
como una flecha lanzada al corazón.

LA MUERTE ES UN AUTOMÓVIL...


La muerte es un automóvil con dos o tres amigos lejanos. Rostros
que no puedo olvidar: cerúleos, fríos, a un paso tan sólo del atardecer.
La muerte es un automóvil en marcha por las avenidas de Ciudad de México
buscando inútilmente tu casa: una estela de carbón, una cola de
carbón, unos dedos de carbón que se hunden en la oscuridad. La muerte
son los labios de R.B. y L.J. en el asiento trasero de un pesero: ahora sé
que de esas avenidas no escapa nadie. Te lo dejo como prenda:
el final de mi infancia.

* * *

En coches perdidos, con dos o tres amigos lejanos, vimos de cerca
a la muerte.
Borrachos y sucios, al despertar, en suburbios pintados de amarillo,
vimos a la Pelona bajo la sombra de un tenderete.
¡Qué clase de duelo es este!, gritó mi amigo.
La vimos desaparecer y aparecer como una estatua griega.
La vimos estirarse.
Pero sobre todo la vimos fundirse con las colinas y el horizonte.

* * *

Cada días los veo, junto a sus motos, en el otro lado del río.
Con buen o mal tiempo ellos siempre están ahí, confabulando
o jugando a ser estatuas. Bajo las nubes y bajo las sombras:
nunca cambian. Esperan y desesperan, dice las viejitas en este lado
del río. Pero se equivocan: nada esperan, su serenidad metálica
es la bandera secreta de su pueblo.

* * *

Volví en sueños al país de la infancia. En el cielo
había una espada azul. Una gran espada azul sobrevolando
los tejados marrones y rojos de Quilpúe.
Entré caminando, con las manos en los bolsillos, y busqué
las viejas películas: el riachuelo, el caballo, la plaza
cubierta de hojas, el porche de mi casa. No vi
a nadie. Hasta el Duque había desaparecido.
De alguna manera intuí que el pueblo había entrado
en una suerte de operación geométrica sin fin. La espada
se reproducía en el cielo mas siempre era una e indivisible.


* * *

Nadie te manda cartas ahora Debajo del faro
en el atardecer Los labios partidos por el viento
Hacia el Este hacen la revolución Un gato
duerme entre tus brazos
A veces eres inmensamente feliz

* * *

No escuches las voces de los amigos muertos, Gaspar
No escuches las voces de los desconocidos que murieron
En veloces atardeceres de ciudades extranjeras

* * *

Colinas sombreadas más allá de tus sueños
Los castillos que sueña el vagabundo
Morir al final de un día cualquiera
Imposible escapar de la violencia
Imposible pensar en otra cosa
Flacos señores alaban poesía y armas
Castillos y pájaros de otra imaginación
Lo que aún no tiene forma me protegerá

PISTOLAS EN EL FONDO DEL MAR




Me da mucha confianza este hombre: me
parece que no tiene
encima una señal de ir a ahogarse,
sino que tiene perfecta
cara de ir a acabar en la horca.
Shakespeare. La Tempestad

Naufragios, hundimientos, zozobras, la gavia en el pico,
el alma amurada a una bala de estiércol, desarbolado
como el esqueleto del Dr. Mortis atravesé el Golfo de Penas
y el Canal de los Insectos, jugando al póker y también al mus,
como un gángster elegante que siempre quise ser,
pero en compañía de ratones y de hienas, no de lobos,
jodido y jodiendo, tranquilo, tranquilo, como si tuviera la casa
con equipo moderno, fotografiando la hora clave del incesto,
en la parte blanda del negocio y en la parte oscura,
sin ponerme tierno, la mente en blanco, el ojo funesto
que todo lo toca con dedos de hielo, capitán
o marinero, besando putas viejas y destejiendo
la vida o el hilo de Ariadna, botón de desastres
o ramo de abeto, en las navidades de mi mente,
repitiendo, curioseando, quedándome quieto
mientras pasaba la muerte con sus gángsters y sus fierros,
armas para competir en la olimpiada del infierno,
pero sin tocar mi botón, mi tesoro, mi cerebro,
mi astucia de enfermo, sin desvelar mi secreto,
mi muñeca, mi agua vital del gángster erectus.

CUENCA DEL NORTE




Estaba Roberto Bolaño
paseando con una gringa
muy tranquilo, vaya apaño
cuando se fue el sol como chinga.

Y esto que cuento es verídico
y además lo dejó helado
una nube le dijo: edípico,
otra le dijo: cuidado.

Que vienen los vientos del Polo
sin respetar jerarquías,
a unos los matan con dolo
a otros los cuidan sus tías.

Y si usted no es de estas tierras
póngase un suéter inglés
o una bufanda de guerra
o el abrigo del Corto Maltés.

Ay, sol, cómo te extraño
dijo Roberto Bolaño.

OJOS QUE SE PIERDEN EN LA NOCHE LUMINOSA




En la noche sintomática
Tú apareces contando un chiste
Que eres tú mismo: vagabundo asmático
De la noche en llamas.

Escapado de un frenopático
Le dices órale buey a la luna
Árbol chino, ramas hepáticas
Que se extienden por nuestras venas
En medio del desfile de los dioses pancreáticos
Y de las melancólicas azucenas
Llegas tú, príncipe temático
Trayendo la mala nueva.

Tu chiste hecho de carne axiomática
Nos sacude y aligera
¿Pero adónde ir con la profecía esquemática
En la noche de la fiebre y la ceguera?
Danzarín hecho de sangre espermática
Respiras ahora como respira el tiempo.

Tu chiste es el grito pragmático
Que dibuja un pez y una tijera
En la oscura arena de una playa ática
Donde nada hay, donde nada queda.

Ojos que se pierden en la noche delirante
Y que una vez fueron galantes.

LOS NIÑOS ROJOS




Como en una película
Después del gran terremoto
Siempre hay un niño
Que no muere
Extraño y dialéctico film
En el otro lado del sistema.
A veces el barco naufraga
En los mares del oriente
Y todos los pasajeros se ahogan
O son devorados por los tiburones
Sin embargo siempre hay una niña
Que sobrevive.
Y sus ojos negros recorren
La isla que es como un laboratorio
Como un mapa de galaxias
Y también como un montón de juguetes
Esperándola.
La vida tal vez quiere
Seguro que quiere
Que en las grandes catástrofes
Ellos sean pequeñas anti-catástrofes
Formas de criticar
Nuestro destino nuestro azar y nuestros
Crímenes predeterminados.
Y así algunos escapan
Cuando los buses chocan cuando los
Supermercados se incendian
O cuando la aviación de guerra
Destruye totalmente sus pueblos.
Así algunos escapan
A las doce del día
Protegidos solamente por los sueños
Y son sombras que se proyectan
En las oficinas
Lentos resplandores
Que creemos ver en la frente
De la mujer que amamos.
Después viene la calma de
La Contrarrevolución después vienen
Los largos interrogatorios eléctricos
Y las baladas sobre hombres
Que nunca regresarán a casa.
Los pantanos se ponen más espesos que nunca.
Pero siempre
Creo yo
Queda algún niño
Para sobrevivir rabiosamente
Y contarlo.

UN RESPLANDOR EN LA MEJILLA




Y Utopía fue el veterinario,
el hombre feroz, la vieja en silla de ruedas cercada por sueños,
y los personajes de los sueños incompatibles se fueron masacrando
uno tras otro, hasta dejar un stock de pesadillas vacías.
Y Utopía fue un reflejo opaco en el interior de un vegetal.
Vitrinas, maniquís desnudos, ebrios tirándoles besos a la nubes.
Un laberinto de escaleras eléctricas por donde vagaban
unos niños extraviados que tenían el corazón maravilloso
hasta la náusea.

¿De todo eso qué vi realmente? ¿Con qué ojos tremendos
contemplé el olor puro de aquella muchacha sencillamente parada
en la entrada de un circo? Sólo recuerdo
haber estado demasiado tiempo en un cuarto blanco leyendo novelas
policiales; casi toda mi vida mientras tú me mirabas desde
una ventana redonda, como de baño público, y
detrás de ti unos caballos mordisqueaban nubes y
los adolescentes se reían como si acabaran de salir del desierto
con los bolsillos llenos de dinero gratis.

Dinero gratis, dinero gratis, amor gratis, un resplandor
inconcebible en la mejilla. Soñadores transformándose a sí mismos
pero incapaces de convencer a una muchacha de que la aman.
Nubes gratis y vacías, restaurantes gratis y vacíos,
automóviles fríos rumbo a las playas doradas del Pacífico,
visiones de Michelangelo para todos, ojos que se cierran
con la velocidad de la luz, y su armonía, estrépito de cisnes,
estrépito de humedad.

Comida gratis, bebida gratis, lluvias divertidas
e interminables como las novelas de Víctor Hugo.
Hospitales gratis, desiertos gratis, animales gratis, deseos
de caminar sobre las manos, de ponerse una corona de espinas
eléctrica y luminosa.

Blue-jeans rayoneados de ternura, escenas de teatro
en la orilla del mar prolongadas hasta el infinito, tres años
de asco y amor, tres años de enfermedades infantiles
enmierdadas con precisión, y los duros arbolitos, pero
los duros arbolitos, mientras los duros arbolitos
como lanzas florecían.

Y gemí, y dije ya no sé qué decir, la oficina está vacía,
los submarinos explotan como fetos en las fosas del Atlántico,
alguien me acaricia el pelo y dice que ya está igual de largo
que el suyo, y yo tuerzo el cuello como un solitario cigarrillo
aplastado en la noche enorme y la miro, esperando volver a sentir
en los párpados la tibia obsidiana de los sueños, cuando en
las montañas nos abrazábamos sin querer despertar, perdidos
en las llanuras de escamas, mientras cae nieve y el frío sonríe
desde un cenicero absolutamente limpio, y no queremos despertar,
y nos sabemos qué decir: los labios partidos,
la cara blanca del invierno manchada de lipstick.

La velocidad se detiene, mira hacia todas partes, enloquece
a las fechas. Un anarquistoide muerto bajo las ramas
plateadas de un sauce. Encima de él la primavera violeta. Fuera
de ese cuadro una muchacha sueña renacimientos atroces.

Y está bien, está bien, ya púdose prender la chimenea y cerrar
puertas y ventanas. Ningún brillo va reemplazar nada.
No habrán formas de arder que completen esta nube cargada de lluvia.
No habrá viento contra este resplandor acuático. Ni callejones violetas
ni suaves caderas antiguas. Ese jaleo al subir las mil escaleras
del ojo abierto: automóviles llenos de Sol estacionados
en todas las esquinas de tus venas. Una sonrisa sin contexto,
una mano crispada fuera de la foto.

ICEBERG


I

Mi idea de la perdedora que la muchacha conozca a la muerte
pierna fuera de las sábanas como su Chile tocado por la luna

Camino astado de conocimiento la puerta se abre
y el tipo sonríe como imbécil su slip abultado por la luna

Como Dios conoce a los perdedores ella ha reconocido
la llegada de la muerte el momento Chile su instante de soledad

Su pelirroja su solidaridad un Chile debajo del toque lunar
un momento puro el encuentro de la desnudez y su soledad

Cuerpo tirado sobre las sábanas mi idea de la perdedora:
por entre las nalgas baja un hilillo de semen como luz propia

Su pelirroja grita en tiempos verbales pasados y ella se viene
a través de la idea dedo que en el culo toca la estalactita

Poética por ascensión pelirroja por ascensión un delta visual que compone
su Chile erecto tocado por la luna que la sujeta

Mientras se viene grita se estremece idea fija otra vez indecible
como cuerpo ensartado que compone transpiración como velo

Las manos bajan el calzoncillo y aparece Chile su horror;
su grito blanco como el calzoncillo tocado por la luna

Su ojo azul se voltea y ofrece la grupa un hilillo de semen
como luz alba enferma que cubre la raya rosada y el ojo marrón

Del culo el ojo oscuro cubierto de leche como alba su razón
tocada por la leche como cinta franja línea que aún grita

Sus propios tiempos verbales caóticos para componer la figura
De su pelirroja ensartada que no se viene hasta la estalactita


II

Idea fija otra vez indecible el hilo espeso es una luz propia

Su Chile su arcoiris inmóvil como pulmón de tiempos verbales oscuros

Tocada por la luna su venida su sujección de un eje ondulante

El momento Chile el momento erecto de su pelirroja y de su soledad

Camino astado su idea acoge a la perdedora a través de un eje ondulante

Pelirroja por ascensión la espalda las caderas rasguñadas sujeta a soledad
Como una alambrada la idea horizontal ha permitido un eje ondulante

Tocada por la luna su momento Chile que la penetra como pulmón

Reconociendo la fuga la inmóvil que dice toca el cualquier lugar ensangrentado

(Barcelona, 1981)